"Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas." Mateo 6:33
Existe una verdad que debemos asimilar profundamente: la justicia del hombre jamás podrá compararse con la justicia de Dios, son naturalezas opuestas y para entenderlo, primero debemos identificar los tres tipos de justicia que operan en el mundo:
- La Justicia del cielo: Es la justicia perfecta, basada en el carácter de Dios y en Su Palabra. No busca complacer, sino establecer lo que es recto ante Dios.
- La Justicia Humana: Es limitada, subjetiva y muchas veces manipulable. Se basa en leyes terrenales que cambian y en el juicio de hombres que fallan.
- La Justicia de las tinieblas: El mundo de las tinieblas tiene su propio concepto de justicia. El diablo opera bajo una estructura donde intenta distorsionar lo bueno y lo malo, usando la legalidad para acusar y destruir. Es vital entender que incluso en el mundo espiritual de oscuridad hay un orden de "justicia" (o legalidad) que el enemigo usa para reclamar derechos sobre nuestra vida cuando ignoramos las leyes del Reino de Dios.
Existe un versículo que todos conocemos y abrazamos como una promesa de provisión, pero que pocas veces analizamos en su dimensión legal: "Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas."Mateo 6:33 (RVR1960).
Solemos enfocarnos en las "añadiduras", pero debemos poner la lupa en la condición: buscar el Reino y Su justicia. Las añadiduras no son automáticas; son una consecuencia de buscar la justicia del Reino, por tanto, debemos entender que la justicia que perseguimos no es la humana, sino la del Reino de los Cielos.
La Justicia del Reino y su Constitución
El primer punto fundamental es este: La justicia que buscamos no es humana, para entender esto, debemos comprender el concepto de "Reino". Todo reino se rige por una Constitución. Es imposible determinar qué es justo o injusto si ignoramos la ley que nos gobierna. Para vivir en justicia es imperativo conocer la Ley del Reino.
Donde existe una Constitución, existen personas constituidas para velar por su cumplimiento. En el Reino de Dios, los ministerios no son solo títulos eclesiásticos, sino figuras legales.
Efesios 4:11: "Y él mismo constituyó a unos, apóstoles; a otros, profetas; a otros, evangelistas; a otros, pastores y maestros." Estos ministerios han sido establecidos por Dios como agentes de la ley espiritual. Su función principal es cuidar y enseñar la justicia del Reino, asegurando que el pueblo de Dios camine bajo los principios constitucionales del Cielo.
El Desconocimiento de las Leyes Celestiales
Conocemos a fondo las leyes de nuestra nación, pero a menudo ignoramos las leyes del Reino de los Cielos. Si los ministros han sido constituidos como agentes para cuidar la justicia divina, cabe preguntarnos: ¿Realmente conocemos la Constitución del Cielo? ¿Entendemos cómo operan sus leyes?
El Caso de Abraham: En Génesis 18:22-25, vemos un ejemplo claro de lo que sucede cuando no comprendemos el funcionamiento legal del Reino. Abraham se acerca al Señor con un argumento basado en su propio concepto de justicia: “¿Destruirás también al justo con el impío? [...] El Juez de toda la tierra, ¿no ha de hacer lo que es justo?”
Para entender este escenario, debemos recordar el contexto: tres hombres visitan a Abraham. Dos eran ángeles y el tercero era el Señor. Mientras los ángeles se dirigen a Sodoma y Gomorra con una misión clara, Dios se queda con Abraham. Los ángeles ya iban en camino para ejecutar la destrucción y rescatar a Lot. Dios no se acercó a Abraham para pedirle su opinión o para abrir un espacio de negociación; Él vino a notificarle Su decisión.
Cuando no entendemos cómo funciona el Reino, cometemos el error de intentar negociar sobre algo que ya ha sido decidido. Dios le notificó Su decisión, y Abraham empezó a regatear: si hay 50 justos, 45, 40... hasta llegar a 10. En cada paso, Abraham se iba quedando sin elementos legales, porque su argumento se basaba en una suposición y no en la realidad de lo que ocurría en las ciudades de Sodoma y Gomorra.
Resulta asombroso ver a un hombre hablándole de justicia a Aquel que él mismo llama "El Juez de toda la tierra". Es, como dice el dicho, “querer enseñarle a bailar al trompo”; Abraham intentó darle clases de justicia al Juez.
Abraham llegó a decirle: "Lejos de ti el hacer tal... nunca tal hagas". En su osadía, le estaba sugiriendo a Dios que, si destruía la ciudad, Su carácter de Juez quedaría en entredicho. Abraham perdió porque se quedó sin elementos sólidos y porque estaba pidiendo mal.
Aprender cómo funciona el Reino es, en esencia, aprender a orar, muchas veces nuestras oraciones no son contestadas porque van en contra de las leyes establecidas por Dios. Él nunca violará Su propio orden; Él vela por Su Palabra para que se cumpla, no por nuestros deseos personales. Dios sabía lo que era justo en Sodoma, pero para Abraham, la justicia de Dios parecía una injusticia.
Debemos entender este principio fundamental: La justicia no complace, en un juicio, jamás el juzgado, el demandante o el testigo quedan plenamente complacidos. La justicia no está diseñada para dar satisfacción emocional, sino para establecer lo que es debido.
Si pides justicia esperando que Dios satisfaga tus deseos o tus sentimientos, probablemente te sentirás defraudado. La justicia divina busca el orden y la verdad, no la aprobación del hombre.
Muchos claman: "¡Señor, hazme justicia!", pero en realidad lo que esperan es que Dios los complazca. Debemos entender una verdad fundamental que cualquier experto en leyes conoce: La justicia jamás satisface plenamente a las partes. En un tribunal terrenal, el que demanda siempre quiere una condena mayor y el acusado siempre espera una sentencia menor. Es imposible que ambos salgan felices.
Si pides justicia esperando que Dios satisfaga tu necesidad de venganza, ya has perdido el caso. La justicia no está diseñada para satisfacer el ego o el dolor del hombre.
- A veces el demandante se amarga con Dios porque espera un "rayo del cielo" sobre su ofensor y no sucede nada.
- A veces el juzgado se enoja porque siente que la disciplina de Dios es demasiado dura para "lo poco que hizo".
Cuando Dios no responde según nuestro capricho, terminamos amargados, enojados o incluso blasfemando, sin entender que Dios ya respondió, pero Su respuesta no alimentó nuestro odio o nuestra sed de venganza; La justicia no es venganza, la justicia es dar a cada uno lo que merece.
Abraham presentó un caso basado en argumentos que no eran sólidos ya que mientras él intentaba negociar la ciudad por unos supuestos justos, Dios ya estaba sacando de allí a los únicos que realmente lo eran. Abraham abogaba por un escenario inexistente; estaba presentando un caso perdido ante un Dios justo.
No pierdas tu tiempo presentando casos que no tienen fundamento legal en el Reino, interceder no es simplemente gritar u orar con fuerza, interceder es examinar la validez de nuestra petición. Si pedimos por alguien que Dios ya ha decidido juzgar por su falta de arrepentimiento, nuestra oración no tendrá eco. Debemos alinear nuestros argumentos con la realidad del Cielo, no con nuestras suposiciones humanas.
La justicia de Dios jamás será comprendida plenamente por la mente humana. Lo que para Abraham parecía una injusticia (la destrucción de Sodoma y Gomorra), para Dios era el ejercicio perfec...

