Desgraciados (Pastor Andrés Mejía)
Desgraciados (Pastor Andrés Mejía)
I Iglesia ETP
, 13 julio 2026
00:00
01:05:04

Introducción: El amor que se inclina

Hace algunos años, alguien dijo: "El amor que se inclina es GRACIA". Me convertí al Señor conociendo la gracia como el favor inmerecido de Dios hacia nuestras vidas, y por mucho tiempo pensé que solo esa expresión lograba describir todo lo que significaba.

Sin embargo, encuentro que, a lo largo de la historia de la iglesia, encasillar virtudes eternas en definiciones estrictas nos ha dejado cortos en el entendimiento y disfrute de la realidad de Dios. O, como bien dice un amigo: hemos puesto puntos finales en asuntos que realmente llevan una coma.

"Gracia" es una de las palabras más frecuentes en la Biblia; aun así, en las Escrituras no aparece una definición exacta acerca de ella. Lo que sí podemos ver claramente es su impresionante obrar de amor y el testimonio de hombres que vivieron llenos de esta virtud.


La multiforme gracia de Dios

Pero lo peor que podríamos hacer es quedarnos en la orilla. Ante un mar inmenso como lo es la gracia, necesitamos urgentemente una experiencia más profunda con todo su contenido: con sus diversas expresiones, con su realidad, con su obra de justificación, con su poder transformador y con el privilegio de estar sentados en una mesa donde podemos comer de Cristo permanentemente.

La gracia es como un diamante; si lo miras por encima, ves una sola gran pieza; pero si lo observas con detalle, podrás ver que está conformado por muchos lados. Esta es una maravillosa alegoría de lo que podemos encontrar en la Escritura:

1 Pedro 4:10 (RVR1960): "Cada uno según el don que ha recibido, minístrelo a los otros, como buenos administradores de la multiforme gracia de Dios."

En su sentido más puro, la palabra multiforme significa: abundante, mucho, variado, grande, de múltiples tipos.


Las expresiones de la gracia

Miremos por un momento algunas descripciones que la Biblia nos muestra acerca de la gracia:

  • Salvados por gracia: Efesios 2:4-5 (RVR1960): "Pero Dios, que es rico en misericordia, por su gran amor con que nos amó, aun estando nosotros muertos en pecados, nos dio vida juntamente con Cristo (por gracia sois salvos)”.
  • Justificados por gracia: Romanos 3:23-24 (RVR1960): "por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios, siendo justificados gratuitamente por su gracia, mediante la redención que es en Cristo Jesús”.
  • Perfeccionados por su gracia: 1 Pedro 5:10 (RVR1960): "Mas el Dios de toda gracia, que nos llamó a su gloria eterna en Jesucristo, después que hayáis padecido un poco de tiempo, él mismo os perfeccione, afirme, fortalezca y establezca.”
  • Gracia suficiente: 2 Corintios 12:9 (RVR1960): "Y me ha dicho: Bástate mi gracia; porque mi poder se perfecciona en la debilidad. Por tanto, de buena gana me gloriaré más bien en mis debilidades, para que repose sobre mí el poder de Cristo.”
  • Fortalecidos por la gracia: 2 Timoteo 2:1 (RVR1960): "Tú, pues, hijo mío, esfuérzate en la gracia que es en Cristo Jesús."


Más que una puerta a la eternidad

La gracia de Dios no simplemente nos abrió la puerta a la vida eterna, también nos hizo contenedores de plenitud. Nos colocó en Cristo, el lugar donde el pecado está muerto para nosotros, y nosotros para él. Nos sostiene y nos sustenta, se vuelve nuestra fortaleza y libertad, y hasta el último día de nuestras vidas, trabaja en lo profundo de nuestros corazones conformándonos a la gloriosa imagen del Hijo de Dios.

Todo en la vida del espíritu es gracia. No hay llamado, avance, fruto, revelación o servicio que no sea para la alabanza de la gracia divina que opera en el corazón de los hijos de Dios.

El estándar de la ley presentaba al corazón del hombre una posición inalcanzable, que dejaba en evidencia su incapacidad de salvarse a sí mismo de su naturaleza pecaminosa. Pero la gracia se entregó en una cruz, el lugar donde el corazón del Padre quedó satisfecho eternamente; y, por medio de ella, podemos vivir todo lo que es Cristo en nosotros.


Cristo: La gracia en nosotros

Si dejas de contemplar por un momento la gracia de Dios, solo verás las ruinas, miserias e incapacidades de un corazón endurecido que intenta producir buenos frutos para Dios por sus propias fuerzas. Pero qué asombroso e inexplicable es el amor de Cristo, quien es la gracia misma en nosotros; el único que cumple todo lo que el Padre espera.

Cristo habita en nosotros y conquista todo nuestro interior. Se convierte en el fruto, la medida y la expresión de la verdadera adoración; esa obediencia que el Padre cosecha de su iglesia. La gracia salva, transforma, restaura, sostiene, corrige, enseña, bendice y abre puertas. Es una llave que cambia todo a tu favor; la gracia es una protección constante.


Los enemigos de la gracia

Todo lo que digamos de la gracia realmente se quedaría corto. Sin embargo, hay actitudes, mentalidades y conductas que muchas veces llegan a atropellarla o a convertirse en sus enemigas.

Cuando hablo sobre los enemigos de la gracia, me refiero a todo aquello que endurece el corazón, daña lo que hemos recibido, apaga la sensibilidad espiritual, reemplaza la dependencia de Dios o convierte lo santo en algo común, destruyendo así lo que Dios ha depositado en nosotros.




  • El orgullo

El primer enemigo de la gracia es el orgullo. Nace de un corazón que, aunque recibe, no se deja transformar. Muchas veces el problema no radica en lo que Dios nos da, sino en nuestra falta de transformación personal a pesar de haberlo recibido.

Santiago 4:6 (RVR1960): "Pero él da mayor gracia. Por esto dice: Dios resiste a los soberbios, y da gracia a los humildes."

La actitud de tu corazón determina si el nivel de gracia en tu vida aumenta. Si recibes gracia pero hay orgullo en tu interior, esa gracia se estanca en ese nivel. En cambio, si respondes con humildad, Dios derrama aún más, porque sabe que esa abundancia no te hará daño ni se convertirá en un estorbo.

La soberbia aparta al hombre de Dios. Aunque todos hemos recibido gracia, no todos tienen el mismo nivel de ella, porque en la gracia se crece de acuerdo a la medida de nuestra humildad.

Mira al rey Saúl, comenzó dependiendo de Dios, pero al recibirlo todo, respondió con orgullo, creyendo que sus logros eran mérito propio. El orgullo te desvincula de la gracia porque te hace creer que ganas las cosas por tu propio esfuerzo o por los "precios" que has pagado. Ningún precio que tú pagues se puede comparar con el que pagó Cristo; todo lo que logras es puramente por la gracia de Dios.

El orgullo te hace pensar que no tienes necesidad de nada, mientras que la gracia siempre te llevará a depender completamente del Señor. No se trata solo de las victorias que vives, sino de cómo responde tu corazón a la gloria que experimentas. A veces el fluir de Dios se detiene porque en lugar de humildad nace la soberbia, y el corazón no está listo para manejar lo que se ha derramado.


  1. El legalismo

El segundo enemigo es el legalismo, el cual intenta merecer por esfuerzo propio lo que solo se puede recibir por gracia.

Lucas 18:9-14 (RVR1960) nos muestra un claro ejemplo: "A unos que confiaban en sí mismos como justos, y menospreciaban a los otros, dijo también esta parábola: Dos hombres subieron al templ...