Código de Identidad (Pastor Alejandro Roncancio)
Código de Identidad (Pastor Alejandro Roncancio)
I Iglesia ETP
, 20 abril 2026
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Romanos 8:15 “Pues no habéis recibido el espíritu de esclavitud para estar otra vez en temor, sino que habéis recibido el espíritu de adopción...”

Definición

Hablamos de identidad constantemente, pero parece que el concepto se nos escurre entre los dedos. Si hoy te pregunto: "¿Quién eres?", lo más probable es que me des tu nombre. Y eso es correcto, pero piénsalo bien: si mañana te cambiaran el nombre por otro, tú seguirías estando ahí. Seguirías siendo tú. Entonces, la identidad no puede ser solo una etiqueta.

A veces creemos que nuestra identidad radica únicamente en lo que se puede medir: en nuestra huella digital, en nuestros datos biométricos o en la imagen que nos devuelve el espejo. Y aunque tu físico y tu apariencia son parte de ti, la verdadera identidad es algo mucho más profundo que una foto de documento o una firma.

Para entenderlo de verdad, miremos la raíz. La palabra identidad nace de la unión de dos raíces: "Ídem", que significa "lo mismo", y el sufijo "tas", que se refiere a una "cualidad o condición".

Identidad es la cualidad de ser el mismo; es la condición de permanecer siendo el mismo a pesar de las circunstancias, es esa esencia inalterable que no depende de dónde estés, con quién estés o qué tengas puesto. Identidad es, sencillamente, la capacidad de no dejar de ser tú.

Los diversos "yo" y el diseño de Dios

Si identidad significa "que yo soy yo y nada me puede cambiar", entonces tenemos un problema grave: dentro de cada uno de nosotros conviven muchos "yo" en conflicto. Está ese "yo" que la cultura moldeó a su antojo, pero que no es el diseño original de Dios; existe el "yo" que nuestros padres proyectaron sobre nosotros, pero que tampoco es el plan que el Cielo tiene para nuestra vida y además, lidiamos con un "yo" llamado espíritu, un "yo" llamado carne y un "yo" llamado alma. La vida entera se nos va en esa búsqueda agotadora de intentar descifrar: ¿quién soy yo realmente?

Pero escucha esto, porque es aquí donde muchos se confunden, hay quienes dicen con ligereza: "Yo soy así, y Dios me ama como soy" Estás equivocado, Dios te ama porque Su amor es inmutable, no porque ame todo lo que hay en ti. Dios no ama lo perverso, no ama lo profano, ni tiene comunión con el pecado, Dios te ama a ti porque, por encima de tus fallas, Él ve en ti la imagen de Su Hijo.

Esa es tu verdadera identidad, el día que aceptaste a Cristo como tu Salvador, Su imagen quedó sellada en tu corazón; Cuando el Padre te mira, no ve tu confusión ni tus máscaras; ve en ti la cualidad de ser el mismo, ve la imagen de Jesús, tu identidad no es lo que tú has construido, es lo que Dios depositó en ti a través de Su Hijo.

Identidad vs. Función y Estatus

Como creyentes, ha llegado el momento de abrazar la identidad real que Dios nos otorgó. Servir a Dios es hermoso, pero hemos cometido un error peligroso: confundir el servicio con la identidad, escucha bien esto: "Yo no sirvo para llegar a ser alguien; yo sirvo porque ya soy alguien" Mi identidad no es ser pastor; yo desempeño la labor de pastor porque, primero, soy hijo de Dios. Antes de que Dios me llamara a un púlpito, Él me llamó Su hijo.

El mundo nos empuja a depositar nuestra identidad en funciones, en roles o en un estatus que hoy está y mañana no. Decimos: "Yo soy próspero". Pero te pregunto: si esa prosperidad desaparece mañana, ¿desaparece también quién eres tú? Si tu identidad se tambalea cuando cambian tus circunstancias, entonces no era identidad. Porque la identidad es inmutable; no cambia, no se oxida, no depende del saldo en tu cuenta bancaria.

Esto nos lleva a una pregunta de examen para el alma: ¿Eres tú mismo donde quiera que vas, o cambias de forma según el lugar donde estés? Si necesitas convertirte en otra persona para encajar, si dejas de ser tú para que los demás te acepten, entonces no tienes identidad; lo que tienes es un disfraz. Y vivir tras un disfraz es la señal más clara de una profunda crisis de identidad. Si necesitas aparentar lo que no eres para que te amen por una mentira, es porque todavía no has descubierto el valor de quién eres para tu Padre.

El Eje de la Vida: Identidad y Propósito

Es asombroso comprender que, para un hijo de Dios, la identidad es el eje sobre el cual gira toda su existencia. Existe un orden divino que no podemos alterar: la identidad siempre antecede al propósito. Muchos viven agotados intentando hacer para llegar a ser, cuando la realidad es que tú solo puedes hacer algo con autoridad cuando sabes quién eres. Cuando tu identidad está firme, tu propósito se aclara.

Si tienes clara tu identidad, no caminas a ciegas. Sabes cuál es tu rol, comprendes tu desempeño y tienes la certeza de qué espera Dios de ti. Conocer quién eres en Él no es un lujo, debería ser la meta principal de cada creyente¿Y saben por qué? Porque si alguien es enemigo acérrimo de tu identidad, es el diablo. Al enemigo le aterra que descubras quién eres, porque sabe que una persona sin identidad es alguien a quien puede manipular a su antojo. Si no sabes quién eres, el enemigo literalmente puede hacer contigo lo que quiera.

Los Cinco Enemigos de la Identidad

Para destruirnos, el enemigo no siempre usa ataques frontales; a menudo usa estrategias sutiles para erosionar nuestra esencia. He identificado cinco armas específicas que él utiliza para robarte tu identidad. A partir de ahora, vamos a desenmascararlas una por una:

La Orfandad

Vamos a detenernos en el enemigo más peligroso de todos: la orfandad. Dice la Biblia en Romanos 8:15: "Pues no habéis recibido un espíritu de esclavitud para volver otra vez al temor, sino que habéis recibido un espíritu de adopción como hijo por el cual clamamos ¡Abba, Padre!" (RVR1960)

Aunque la Palabra nos asegura que fuimos adoptados y que tenemos una identidad nueva, la realidad es que muchos seguimos luchando contra un espíritu de orfandad. Vivimos en una generación de hogares rotos y, como suelo decir, de "huérfanos con padres vivos". Son personas que crecieron con un padre presente físicamente, pero ausente en su función; una paternidad que no se ejerció correctamente deja una orfandad que crece silenciosa en el corazón.

Hay quienes se sienten huérfanos porque fueron rechazados, abandonados o cargan con el peso de haber sido llamados "un error". Quizás para tus padres biológicos apareciste en el tiempo equivocado o en la agenda equivocada, pero escucha esto: para Dios, tú eres un propósito eterno. La orfandad se manifiesta cuando vivimos buscando desesperadamente la aprobación de los demás; cuando el alma mendiga un abrazo o un beso porque tiene un vacío de paternidad que nada en este mundo ha podido llenar.

Mentalidad de Huérfano vs. Mentalidad de Hijo

El gran peligro de no erradicar la orfandad es que terminamos viviendo en dependencia de los hombres, desconectándonos de la presencia constante de Dios. La mentalidad de huérfano te engaña diciéndote que tienes que "trabajar por amor". Te pregunto hoy: ¿Todavía sientes que tienes que esforzarte para que te amen?

Este es uno de los traumas de la niñez que hemos trasladado a la vida espiritual. Hay personas que sirven en la iglesia solo para que el pastor los note, o para sentirse útiles y recibir un mensaje de texto de felicitación, eso no es servicio, eso es orfandad; El que es hijo no hace nada para "ganarse" el amor, el que es hijo sirve porque sabe que ya es amado. El huérfano sirve para que lo amen, el que es hijo sirve porque el amor del Padre ya lo desbordó.

El huérfano nunca echa raíces porque vive mendigando afe...