Deuteronomio 2:25 “Hoy comenzaré a poner tu temor y tu espanto sobre los pueblos debajo de todo el cielo, los cuales oirán tu fama, y temblarán y se angustiarán delante de ti”.
Dios nos ha dado 3 promesas de bendición para este año, las hemos llamado las “3R", las voy a mencionar porque es importante recordarlas y declararlas:
Zacarías 9:12 "Volveos a la fortaleza, oh prisioneros de la esperanza; hoy también os anuncio que os restauraré el doble". Este versículo llama al pueblo a regresar a su refugio, con la promesa de que Dios les devolverá el doble de sus sufrimientos, reconociendo que su fortaleza está en la esperanza y en Dios.
Joel 2:25 “Y os restituiré los años que comió la oruga, el saltón, el revoltón y la langosta, mi gran ejército que envié contra vosotros”. La Restitución es la devolución de lo que fue robado o perdido por causa de un ataque o una plaga. Dios menciona específicamente a los "devoradores" (Oruga, Saltón, revoltón y langosta).
Jeremías 31:16-17 (NTV) “No llores más, porque te recompensaré —dice el SEÑOR—. Tus hijos volverán a ti desde la tierra lejana del enemigo. Hay esperanza para tu futuro —dice el SEÑOR—. Tus hijos volverán a su propia tierra”; (TLA) “Pero Dios le dice: «Sécate las lágrimas, ya no sigas llorando ni pierdas la esperanza. Tus hijos serán restaurados y restituidos; volverán del territorio del enemigo, y tu sufrimiento se verá recompensado. Te juro que así será”. El SEÑOR le pide a su pueblo que deje de llorar porque habrá una recompensa por el sufrimiento, por el dolor, por todo lo que han padecido y todo lo que han orado y nuestros hijos serán restaurados y restituidos, hay esperanza para nuestro futuro y que volveremos a las promesas, vendrá la restauración y redención que Dios tiene reservada para nosotros.
Lo importante de estas 3 promesas es que Dios las confirma mediante dos palabras:
Ezequiel 12:22-28 “… Diles, pues: Se han acercado aquellos días, y el cumplimiento de toda visión. Porque no habrá más visión vana, ni habrá adivinación de lisonjeros en medio de la casa de Israel. Porque yo Jehová hablaré, y se cumplirá la palabra que yo hable; no se tardará más, sino que en vuestros días, oh casa rebelde, hablaré palabra y la cumpliré, dice Jehová el Señor. … Así ha dicho Jehová el Señor: No se tardará más ninguna de mis palabras, sino que la palabra que yo hable se cumplirá, dice Jehová el Señor”. El énfasis final del pasaje es: "En vuestros días". Esta es la clave del cumplimiento. Dios no está esperando a que las circunstancias cambien para cumplir Su promesa; Él cumple Su promesa para que tus circunstancias cambien. Cuando Dios dice "no se tardará más", está estableciendo un punto de inflexión. Es el momento donde la Palabra escrita (Logos) se convierte en una realidad tangible en tu historia personal.
Isaías 46:9-13 (NTV) “… Todos mis planes se cumplirán porque yo hago todo lo que deseo. Llamaré a una veloz ave de rapiña desde el oriente, a un líder de tierras lejanas, para que venga y haga lo que le ordeno. He dicho lo que haría, y lo cumpliré. Escúchame, pueblo terco, que estás tan lejos de actuar con justicia. Pues estoy listo para rectificar todo, no en un futuro lejano, ¡sino ahora mismo! Estoy listo para salvar…”.
La Biblia muestra de que, desde el momento en que Dios entrega una promesa, se levantan enemigos con nombre propio para resistir su cumplimiento. No son figuras abstractas, son oposiciones reales que marcan etapas del camino. La Escritura no registra estos enemigos solo como hechos históricos, sino como tipos espirituales que siguen manifestándose en la vida del creyente actual. Aunque los nombres cambien, las estrategias permanecen.
- El primer gran enemigo fue Faraón, rey de Egipto. Aunque Dios había prometido la tierra a Abraham, su descendencia terminó esclavizada. Faraón representa el poder que oprime y se resiste a soltar lo que Dios quiere liberar. “Después dijo Jehová: Bien he visto la aflicción de mi pueblo que está en Egipto… y he descendido para librarlos” (Éxodo 3:7–8). Aun viendo las señales, Faraón endureció su corazón. “Mas yo endureceré el corazón de Faraón, y multiplicaré mis señales y mis maravillas” (Éxodo 7:3). Faraón hoy representa todo sistema, pensamiento o autoridad que retiene al creyente en esclavitud, aun después de haber oído la voz de Dios. Son ataduras mentales, pecados normalizados, miedos heredados y estructuras que se niegan a soltar lo que Dios quiere liberar. Faraón sigue diciendo: “¿Quién es Jehová para que yo oiga su voz?” (Éxodo 5:2).
- Una vez fuera de Egipto, se levantó Amalec, el primer enemigo militar en el desierto. Amalec atacó sin aviso, por la retaguardia, cuando el pueblo estaba débil. Representa la oposición constante contra la fe que apenas comienza. “Y vino Amalec y peleó contra Israel en Refidim” (Éxodo 17:8). Amalec hoy se manifiesta como el ataque persistente contra la fe débil. Aparece en momentos de cansancio, desgaste espiritual y desánimo. Amalec no enfrenta cuando hay fuerza, sino cuando hay agotamiento. Por eso la victoria no depende de la espada, sino de manos levantadas y dependencia de Dios (Éxodo 17:11).
- Más adelante, Israel encontró la resistencia de Edom, descendientes de Esaú, quienes se negaron a permitir el paso. Edom hoy es la oposición que nace de relaciones cercanas: heridas familiares, comparaciones, resentimientos antiguos y conflictos no resueltos. Edom no viene de lejos; viene de la misma sangre. Es la voz que dice: “por aquí no pasarás”, recordando viejas rivalidades. “Entonces Edom salió contra él con mucho pueblo, y mano fuerte” (Números 20:20).
- Luego apareció Balac, rey de Moab, quien no peleó con espada, sino con maldición espiritual, llamando al profeta Balaam. Balac hoy representa la guerra espiritual encubierta: palabras, decretos, opiniones y juicios lanzados para detener el avance del creyente. Es la intención de maldecir lo que Dios ya bendijo. Pero la promesa permanece firme: “No hay agüero contra Jacob, ni adivinación contra Israel” (Números 23:23).
- “Ven pues ahora, te ruego, maldíceme este pueblo” (Números 22:6). Pero Dios frustró ese intento. “¿Cómo maldeciré al que Dios no maldijo?” (Números 23:8).
Este recorrido revela una verdad espiritual profunda: “El mundo espiritual es hostil” y cada enemigo aparece en una etapa distinta del camino, y cada victoria prepara al pueblo para la siguiente. La promesa no cambia, nunca estuvo en duda, pero el camino hacia su cumplimiento siempre estuvo marcado por oposición. No para destruir al pueblo, sino para formarlo, afirmarlo y enseñarle a depender de Dios.
Cada uno de estos enemigos revela que no todo ataque es frontal, y que no toda oposición viene de la misma manera. Algunos atacan el cuerpo, otros la mente, otros las relaciones y otros el espíritu.
Y es precisamente después de haber enfrentado estas resistencias, que la iglesia está preparado para victorias mayores, porque Dios no solo lo conduce a la promesa, sino que lo transforma en el camino.
Pero hoy me voy a detener en un enemigo llamado Sehón, rey de Hesbón, llamado espiritualmente “el que arrasa, el que destruye, el opositor, el que barre con violencia”.
En Deuteronomio 2:24-36, encontramos una de las lecciones más crudas y necesarias para el creyente de hoy. Dios le ordena a Moisés avanzar, pero en el camino hacia la promesa se interpone un obstáculo llamado Sehón, rey de Hesbón.
Cuando abrimos Deuteronomi...

