Hechos 13:22 “Quitado este, les levantó por rey a David, de quien dio también testimonio diciendo: He hallado a David hijo de Isaí, varón conforme a mi corazón, quien hará todo lo que yo quiero”.
La vida espiritual cristiana se sostiene sobre un principio fundamental: la obediencia como un vínculo de amor entre el Padre y nosotros. No obedecemos para ser amados, sino porque ya somos amados en Cristo Jesús.
Pensemos en el día a día: Como autoridades, ya sea con hijos o subalternos, esperamos que se sigan instrucciones. Sin embargo, en un hogar saludable, la obediencia no es una imposición; es el fruto natural de una relación sana. Cuando los padres invierten vida, cuidado y dirección, los hijos responden buscando darles alegría. Ese es la mejor señal de una vida espiritual sana, Jesús lo resumió en Juan 14:23 "Respondió Jesús y le dijo: El que me ama, mi palabra guardará; y mi Padre le amará, y vendremos a él, y haremos morada con él.” Y nos dejó esta promesa: el Padre lo amará, y ambos harán de ese corazón obediente su hogar, su morada eterna.
¿Cuál cristiano, qué persona que haya tenido un encuentro genuino con Dios no anhela agradar a Dios? Todos queremos conocer su voluntad y todos queremos agradarlo de muchas maneras. Pero debo decir una cosa, hay muchos grupos, hay muchas religiones donde el agradar a Dios es una agonía; donde agradar a la deidad es una agonía.
Hay religiones donde las personas hacen peregrinaciones y sacrificios tremendos solo para tratar de sentir que tienen algún tipo de acceso hacia la deidad. Y ahí el cristianismo es completamente distinto, porque en el cristianismo el amor de Dios conquistó los corazones de aquellos que llamó después sus hijos, no sus siervos, sus hijos. Y en esos hijos nace, por el poder del Espíritu Santo, la obediencia. Porque Él nos amó, nosotros le amamos a Él. ¿Y cómo le amamos? Le obedecemos. Le preguntamos a Dios: ¿qué quieres de mí?, ¿qué anhelas en mi vida?, ¿cómo te puedo agradar en esta área?, ¿cómo te puedo agradar en aquella otra área?
Muchos de nosotros, nos damos cuenta que la obediencia no es fácil. Muchas veces cuesta y muchas veces peleamos con nosotros mismos para hacer lo que es correcto y lo que entendemos que Dios quiere, pero Dios cifró toda la obediencia que nosotros podríamos darle como hijos en una sola persona, en el único que podía satisfacer su corazón de padre, el único que podría obedecerlo de manera perfecta: Se llama Jesucristo, Dios hombre. Nada más.
Jesucristo es único, es precioso, es perfecto, es el único que tenía la capacidad de venir y obedecer a Dios de manera plena y perfecta, incluso aunque eso significara ir en contra de su comodidad y de su propia vida, porque tuvo que entregarla en una cruz para salvar a los desobedientes, que aunque quisiéramos agradar a Dios no podíamos; y Él, la ofrenda perfecta, el perfecto obediente, lo hizo por nosotros.
Dios no tiene expectativas de obediencia de ninguno de nosotros, no las tiene, no podría tenerlas, porque nosotros somos seres humanos que fallan. Por eso Él cifró ese vínculo de obediencia, de amor, en su Hijo, que es el único cuando se hace carne que podría hacerlo; y luego puso a su Hijo en nosotros los que queremos obedecerle, para darnos la gracia y el poder de la obediencia. Así es que aquellos que queramos caminar con Dios en esa relación intima, necesitamos sí o sí ir a través de Jesucristo y tenerlo en el corazón y tener una relación viviente, dinámica, constante, con Jesucristo a través del poder del Espíritu Santo, porque Jesús es la clave de nuestra obediencia.
A la luz de esta obediencia perfecta de Jesús, debemos mirar nuestra propia realidad. Y en la Biblia encontramos a David. David es sin duda alguna, uno de los personajes bíblicos más conocidos y más admirados:
- Es considerado un modelo de valentía por haberse enfrentado al famoso enemigo acérrimo del pueblo de Israel, Goliat, de nacionalidad filistea. Se calcula que David tenía apenas unos quince años cuando enfrentó al gigante.
- Era virtuoso en la música. Interpretaba un instrumento complejo, el arpa. Poeta, compositor, muy probablemente también tenía una voz muy melódica y cantaba, o sea, que era todo un artista. Sabemos que escribió más de setenta y cinco salmos, el libro más conocido de la Biblia y más citado. Hombre devoto a Dios, líder nato, descrito por el mismo profeta Samuel como un hombre conforme al corazón de Dios.
- David fue ungido por Samuel luego de que Dios descartara a Saúl por su insubordinación y su desobediencia. Pero David duró quince años para asumir el trono, huyendo de una feroz persecución que desató contra él el rey Saúl. Durante ese tiempo de persecución y de dificultad, Dios prueba a David, Dios desarrolla su liderazgo, Dios hace de la fe de David una fe profunda.
- Derrotó a todos los enemigos del pueblo de Israel: Antes de su caída, David fue un guerrero incansable. Su éxito no era por su estrategia, sino porque "Jehová daba la victoria a David por dondequiera que iba" (2 Samuel 8:6).
- La derrota de los Filisteos: No solo fue Goliat; David los sometió y les quitó el dominio de las tierras de Israel.
- La conquista de Jerusalén (Jebuseos): David tomó la fortaleza de Sion, un lugar que parecía inaccesible, y la convirtió en la "Ciudad de David".
- La victoria sobre Moab y Edom: Extendió los límites del reino, asegurando que Israel no tuviera amenazas en sus fronteras.
- La derrota de los Sirios (Arameos): David enfrentó grandes ejércitos de carros y caballería, estableciendo guarniciones y recibiendo tributo de naciones extranjeras.
“Y reinó David sobre todo Israel; y David hacía justicia y equidad a todo su pueblo.” 2 Samuel 8:15.
David asume el reino a la edad de los treinta años y gobierna por cuarenta años. El reino de David es considerado la referencia de lo que es un buen gobierno. David trajo paz frente a sus enemigos, unió toda la nación bajo un fuerte liderazgo espiritual y trajo la prosperidad.
Pero David no era un hombre perfecto como nosotros conocemos. David también es conocido por sus tropiezos y por sus caídas, por sus equivocaciones y pecados. El más conocido es el que tuvo cuando cometió adulterio con Betsabé. Es la más escandalosa de sus caídas y a pesar de lo vergonzoso que fue este incidente, ha quedado registrado en detalle en la Escritura, para que tomemos muchas lecciones y muchas enseñanzas para nuestras vidas.
Pero esto que ocurrió con David trae grandes lecciones:
Lección 1 (Somos vulnerables): Ninguno de nosotros es inmune al pecado No importa los años que tengamos en la fe, el conocimiento teológico o las victorias espirituales logradas. Todos nosotros somos vulnerables ante la tentación. Cuando esto ocurre en la vida de David, él no era un muchacho. Estaba ya consolidado en su reinado, se encontraba en un buen momento de su gobierno. David decidió quedarse en Jerusalén y delegar la guerra. Es en esas condiciones óptimas en que David cae estrepitosamente en el más infame de sus pecados. David cayó cuando estaba "ocioso" en el terrado. El contraste es que mientras su ejército estaba trabajando, él estaba descansando donde no debía. El descuido en la disciplina diaria (como la oración o leer la palabra) es el terreno donde crece la tentación. Esto habla a gran voz de nuestra vulnerabilidad espiritual. Como dice 1 Corintios 10:12: "Así que, el que piensa estar firme, mire que no caiga.”
Lección 2 (Natán): Déjate confrontar, recibe la reprensión Si todos podemos caer, todos deberíamos estar dispuestos a ser confrontados. En 2 Samuel 12, el profeta...

