Dios de Orden (Pastor Diego Ardila)
Dios de Orden (Pastor Diego Ardila)
I Iglesia ETP
, 26 abril 2026
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56:26

El orden no es una opción estética o de organización humana; es un principio de legalidad espiritual. La Biblia nos enseña que Dios no puede respaldar lo que está fuera de Su estructura, de Sus principios y Sus fundamentos. Cuando hay desorden, se rompe la fe y se pierde la credibilidad ante el mundo.

Cuando entregamos nuestra vida al Señor, Él se encarga de edificar, levantar, corregir y bendecir. Nosotros somos solamente Sus administradores; Él es el dueño de todo y nosotros seguimos Sus planes y propósitos.

Cuando pretendemos edificar por nosotros mismos, nuestro trabajo es en vano, pues sin el fundamento de Dios, que es Cristo Jesús en nuestras vidas, todo lo que construyamos se derrumbará; no permanecerá. Dice Su Palabra que separados de Él nada podemos hacer. Sin Su ayuda, una casa puede ser solamente el lugar donde la familia vive, come y duerme; pero un hogar es mucho más que eso: es un lugar donde la familia crece, se edifica, se fortalece, se reúne, convive, comparte, se ama y se es feliz. Es el lugar donde se honra a Dios, donde desciende la bendición sobre sus hijos y donde se sienten seguros, bien atendidos y amados. Para comenzar este proceso de restauración y restitución, se hace necesario que el carácter de Dios se impregne en nuestra vida, nuestro hogar y nuestra familia. Ese carácter no puede ser solo de labios; tenemos que accionar para lograrlo.

Quiero comenzar con un pasaje bíblico que me hizo reflexionar y se encuentra en Mateo 3:13-15: “Entonces Jesús vino de Galilea a Juan al Jordán, para ser bautizado por él. Mas Juan se le oponía, diciendo: Yo necesito ser bautizado por ti, ¿y tú vienes a mí? Pero Jesús le respondió: Deja ahora, porque así conviene que cumplamos toda justicia. Entonces le dejó”. En el tiempo de Jesús, Juan el Bautista predicaba y bautizaba, y el Señor toma la decisión de ir hacia él con el fin de ser bautizado. Este relato de la Palabra me impacta profundamente por varias razones; porque veo a Jesús que —siendo el Hijo de Dios, teniendo una misión asignada y concreta, y contando con el respaldo del Padre y la unción del Espíritu Santo— estuvo dispuesto a hacer las cosas de manera ordenada. Pudiendo actuar bajo Su propia voluntad, prefirió someterse al orden contenido en la frase: “Deja ahora, porque así conviene que cumplamos toda justicia”.

Estoy seguro que, los peores problemas que nos hemos ganado en la vida han sido por hacer las cosas de manera desordenada, a nuestro antojo y parecer. He visto gente dañar hogares porque los manejaron como no debían; he visto personas quebrarse financieramente porque administraron sus finanzas sin orden; he visto a otros arruinar empresas por no seguir los principios correctos. Así podemos encontrar a muchos hombres y mujeres que tergiversaron el propósito de Dios porque no hicieron las cosas con orden, ni respetaron los procesos divinos.

Por tal razón, es necesario que aprendamos esta verdad como principio fundamental: Dios bendice el orden.

Dios es un Dios de orden; el enemigo es desorden. Todo lo que corresponde al Reino del Señor debe reflejar orden, mientras que todo lo que se aleja de Dios cae en el caos. Somos herederos de una naturaleza pecaminosa que tiende naturalmente al desorden:


  • Es más fácil caer en el pecado que buscar la santidad. Nuestra naturaleza es tendenciosa hacia lo pagano, la desidia y el desorden.
  • Esa es la condición del hombre sin Dios: el desorden, la maldición, la mentira, la hipocresía y la iniquidad.


¿Cuántas cosas en nuestras vidas están hoy en desorden? El Señor te dice hoy a través de Su Palabra: “Ordena tu vida”. Nuestra existencia, nuestra casa y nuestro hogar deberían estar ordenados; nuestra vida debería ser un ejemplo de Su luz.

Cuando examinamos nuestra vida, familia y descendencia, a menudo vemos el resultado de la "contaminación" que hemos permitido en nuestra tierra, y esa es la raíz de muchas crisis actuales. Pero Dios desea rectificar y enderezar todo lo que está torcido, todo lo que hemos desordenado con nuestros actos, Él siempre tiene un plan de redención, restauración y restitución; Cristo compró nuestra redención completa a precio de sangre, llevando en el madero nuestro pecado, nuestra maldad y nuestra iniquidad.

Cuando aprendes a caminar en orden, Dios te bendice. Cuando administras bien lo que se te ha confiado y aprovechas con integridad las oportunidades, Dios las multiplica. Muchas personas pierden bendiciones valiosas simplemente por falta de orden. Debes entender esto: “Las puertas más grandes que se abrirán en tu vida serán proporcionales a tu capacidad de ser ordenado. Cuando haces las cosas en orden, Dios te confía mucho más.”


Respetar el proceso

Cuando aprendes a ser ordenado, Dios te confía mucho más de lo que tienes; pero hay quienes han manejado su vida de una forma tan inadecuada que se hunden cada vez más en sus propios problemas. Antes de que Dios abra los cielos para bendecirte, Él te abrirá los oídos para exhortarte y decirte: "O te ordenas, o no verás Mi bendición".

¿Y por qué me apoyo en la historia de Jesús? Porque lo primero que veo en Él es que estuvo listo para respetar el proceso. Dios bendice a las personas ordenadas porque están dispuestas a someterse a los procesos, este mundo, cada día más rápido y afanado, nos ha vendido la idea de que podemos alcanzar cualquier meta en cuestión de minutos; pero las grandes cosas en Dios siempre demandarán un proceso.

Jesús era el Hijo de Dios, había sido ungido por el Padre, pero aun en Él hubo un proceso, Su autoridad no lo eximió de los pasos establecidos por Dios; En su bautismo, nos dejó el código de conducta para todo aquel que anhele caminar bajo el favor del cielo. Si Jesús se sometió al orden para "cumplir toda justicia", nadie puede pretender recibir la bendición de Dios saltándose las reglas, los tiempos o las autoridades. El orden es el lenguaje de la justicia divina.

Debemos entender que el proceso es lo que nos prepara para caminar en las bendiciones más grandes: es lo que nos quita lo malo y aumenta lo bueno en nosotros. El proceso forma tu carácter, te enseña a esperar, a confiar, a corregir y, finalmente, a tomar decisiones correctas.


La tentación de saltarse pasos

Hay personas que no han aprendido el valor del proceso y, por eso, tratan de omitirlo. ¿Y saben qué me he encontrado? Que todo el que intenta brincarse los procesos podrá lograrlo una vez, pero no dos. He visto gente escalar sin proceso, movidos por el afán, y algún día les toca devolverse para enfrentar lo que en su momento nunca quisieron hacer.

Por ejemplo, en una relación, el proceso normal debería ser enfocarse primero en la vida: saber qué quieres, trabajar, estudiar, proveer... en fin, ser un buen administrador. Pero veo gente que dice: “Pastor, encontré a mi ayuda idónea”. Están tan enamorados que no escuchan a nadie; se casan, y poco después esa persona les “sabe horrible”. Vienen y dicen: “Pastor, estoy arrepentido, no sé con quién me casé”. Yo les diré qué fue lo que pasó: usted nunca respetó el proceso, y ahora, metido en esa “vaca loca”, le va a tocar volver a empezar desde cero.

Lo mismo ocurre con las compras innecesarias con tarjetas de crédito; incluso mercados que terminan en el excusado a los pocos días, pero que se pagan en 3, 6 y hasta 12 cuotas. El mercado se acaba en dos semanas, pero la deuda permanece por meses. ...