“Y aquel varón Moisés era muy manso, más que todos los hombres que había sobre la tierra” Números 12:3.
Hoy vamos a hablar de un tema tan común que hemos llegado a normalizarlo: la furia, el enojo y la irritación. A veces la vemos como algo pasajero o una simple "forma de ser", pero la Biblia nos muestra que es un peligro latente que puede destruir nuestro presente y nuestro futuro.
La furia, el enojo y la irritación es traicionera, aparece sin que la llamemos; nadie pide una partícula de ira para enfrentar a alguien. Simplemente aparece, lista para dañarlo todo.
La Bíblia habla de un hombre llamado Moisés, en él siempre hubo una lucha constante con el carácter agresivo, encontramos a un Moisés iracundo y altamente reactivo; un hombre que, por momentos, era dominado por la furia, el enojo y la irritación.
Le voy a mostrar un versículo que me parece increíble de algo que no se debe hacer. Mire lo que es capaz de provocar la ira en Éxodo 32:19: "Y aconteció que cuando él llegó al campamento, y vio el becerro y las danzas, ardió la ira de Moisés, y arrojó las tablas de sus manos, y las quebró al pie del monte" Éxodo 32:19. Moisés acababa de arruinar la obra de arte más grande de la historia, escrita por el mismo dedo de Dios. Venía de pasar un mes con Dios, pero la furia, el enojo y la irritación lo hizo desobedecer con los 12 mandamientos en la mano.
Aquí está el gran problema y es que la furia, el enojo y la irritación termina rompiendo lo más sagrado que Dios nos ha dado: los hijos, la familia, los amigos.
Hay personas que confunden la grosería con la sinceridad; dicen: "es que yo soy directo", pero en realidad están golpeando a los demás con sus palabras; La ira no es "sinceridad". Tu no eres sincero, tu eres grosero, y eso es distinto. Tu puedes ser sincero sin herir ni golpear con tus palabras, por tal razón no confundamos la furia, el enojo y la irritación con algo pasajero; estamos olvidándonos del carácter de Cristo en nosotros. Hay mucha gente con influencia, pero sin carácter.
Cuando aparece la furia, el enojo y la irritación, algunos tiemblan, otros se ponen rojos, otros hacen sonidos extraños: Gruñen. El cuerpo reacciona: los gestos, los ojos, las miradas y, qué decir de las palabras que vienen a romper y acabar con la vida de otro. Por eso puedo decir on toda la certeza que la furia, el enojo y la irritación es traicionera; no la subestime.
- El perfil de un hombre transformado
Para entender esto, miremos la vida de Moisés. La Biblia nos da un reporte final de su carácter en un momento de su vida: "Y aquel varón Moisés era muy manso, más que todos los hombres que había sobre la tierra" Números 12:3 es un testimonio asombroso, pero Moisés no nació así, su mansedumbre fue el resultado de un proceso largo y doloroso con Dios.
La furia, el enojo y la irritación no es algo que se maneja de forma ligera; es traicionera, aparece sin que la llamemos y está lista para dañarlo todo.
- Las características y el funcionamiento de la furia, el enojo y la irritación
La furia, el enojo y la irritación no pide permiso para entrar. Cuando aparece, toma el control de nuestro cuerpo, alma y espíritu: (ministración de perdón con la familia, los hijos…)
- El secuestro cerebral: Científicamente, cuando nos airamos, la amígdala cerebral (La amígdala cerebral es una estructura en forma de almendra en el lóbulo temporal, crucial para procesar emociones “especialmente miedo y ansiedad”, la memoria emocional, la atención y la cognición social) toma el mando. Esta es la parte impulsiva que activa el modo de lucha o huida. En ese instante, se le quita el control a la parte ejecutiva del cerebro, la que nos hace pensar, saludar y ser empático.
- La distorsión del otro: Bajo el efecto de la furia, el enojo y la irritación, la amígdala nos hace ver a quien tenemos enfrente —ya sea un hijo, un cónyuge o un amigo— como un enemigo al que debemos eliminar o humillar.
- La manifestación física: El cuerpo reacciona; temblores, rostros rojos, miradas de odio y palabras que salen para romper la vida del otro. La furia, el enojo y la irritación no muestra lo que te molesta, muestra lo que te gobierna.
- Las consecuencias de la furia, el enojo y la irritación: Moisés tuvo varios episodios donde la furia, el enojo y la irritación le trajo consecuencias graves, y nosotros debemos aprender de ellos:
- Destruye lo que Dios hizo: En Éxodo 32:19, Moisés, ardiendo en ira, rompió las tablas de la ley que el mismo dedo de Dios había escrito. Arruinó una obra sagrada en un momento de arrebato. Asimismo, nosotros podemos romper lo más sagrado: la familia y el corazón de quienes nos aman.
- Frustra el plan de Dios: En Números 20:10-11 “Y reunieron Moisés y Aarón a la congregación delante de la peña, y les dijo: ¡Oíd ahora, rebeldes! ¿Os hemos de hacer salir aguas de esta peña? Entonces alzó Moisés su mano y hirió la peña con su vara dos veces...”, la furia, el enojo y la irritación hizo que Moisés golpeara la roca en lugar de hablarle, llamando al pueblo "rebelde". Ese momento de desobediencia impulsiva le costó no entrar a la tierra prometida.
- Crea heridas irreparables: Hay cosas que se pueden perdonar, pero no se pueden sanar fácilmente. Un insulto en un momento de rabia puede dejar una marca que dure años. La furia, el enojo y la irritación nos hace cruzar límites que después lamentamos. ¿Cuántas cosas nos está costando la ira a nosotros? ¿El amor de tus hijos? ¿El respeto de tu pareja?
- El proceso de la furia, el enojo y la irritación a la mansedumbre
Moisés comenzó su historia siendo un hombre violento, en Éxodo 2:11-12 “En aquellos días sucedió que crecido ya Moisés, salió a sus hermanos, y los vio en sus duras tareas, y observó a un egipcio que golpeaba a uno de los hebreos, sus hermanos. Entonces miró a todas partes, y viendo que no parecía nadie, mató al egipcio y lo escondió en la arena”; Era reactivo, se metía en peleas ajenas, Éxodo 2:17 “Mas los pastores vinieron y las echaron de allí; entonces Moisés se levantó y las defendió, y dio de beber a sus ovejas” y su temperamento era explosivo y hostil e Incluso como líder llegó a airarse profundamente contra los rebeldes, Números 16:15 “Entonces Moisés se enojó en gran manera, y dijo a Jehová: No mires a su ofrenda; ni aun un asno he tomado de ellos, ni a ninguno de ellos he hecho mal”.
Sin embargo, Dios estuvo dispuesto a acompañarlo en su proceso. Él no lo llamó cuando aún era violento, porque Moisés no poseía la mansedumbre necesaria para el liderazgo, a pesar de sus fallas, Dios trabajó en su carácter por 40 años hasta llamarlo el hombre más manso de la tierra; y es que Dios sabe trabajar con nuestro carácter. Si Él trabajó en aquel hombre impulsivo hasta convertirlo en el más manso de la tierra, también lo hará con cada uno de nosotros. Cristo cambia lo que el hombre no puede cambiar. Por lo tanto, no viniste aquí porque seas perfecto; estamos aquí porque el Maestro está dispuesto a formarnos día tras día. Aun con tus errores, Dios los usará para Su gloria.
Esto nos enseña que:
- Dios es experto en formar el carácter.
- Él puede hacer del hombre más iracundo el más tranquilo.
- La cruz de Cristo tiene la respuesta para transformar nuestro temperamento.
Ministración:
Hoy te pregunto: ¿Qué te está costando tu furia, tu enojo y tu irritación? ¿El respeto de tus hijos? ¿La paz de tu hogar? No permitas que la amígdala del cerebro gobierne tu vida. Si Dios pudo transformar a Moisés hasta convertirlo en el hombre más manso de la tierra, también lo hará contigo. Has venido hoy ante el Maestro porque, aunque estemos l...

