Juan 5:44 "¿Cómo podéis vosotros creer, pues recibís gloria los unos de los otros, y no buscáis la gloria que viene del Dios único?"
Tanto el mundo como los cristianos están envueltos en engaños e hipocresías, divisiones, contiendas, iras, celos y envidias; la culpa, vergüenza, falta de perdón, amargura, raíz de amargura, el miedo, resentimiento y orgullo y la respuesta a estos comportamientos son las máscaras. Lo hacemos con el único fin de vernos bien o que nos vean bien.
Quiero hacer énfasis en una conversación que sostuvo Jesús con unos personajes llamados “Los fariseos”, Jesús le dio la etiqueta de hipócritas y generación de víboras en Mateo 12:34-35 “¡Generación de víboras! ¿Cómo podéis hablar lo bueno, siendo malos? Porque de la abundancia del corazón habla la boca. El hombre bueno, del buen tesoro del corazón saca buenas cosas; y el hombre malo, del mal tesoro saca malas cosas”.
Y Juan 5:39-40, Jesús les dijo: “Escudriñad las Escrituras; porque a vosotros os parece que en ellas tenéis la vida eterna; y ellas son las que dan testimonio de mí; y no queréis venir a mí para que tengáis vida”, los fariseos se comían las escrituras buscando salvación pero ignoraban al verbo, al autor de la Palabra, al autor de la salvación, estos personajes ostentaban el mayor conocimiento de la Ley en su tiempo, eran los "iluminados" de la época; aquellos que parecían comprender la vida mejor que nadie; Si alguien buscaba un consejo sabio, una solución legal o una respuesta espiritual, ellos eran la referencia obligada, pues eran los intérpretes oficiales de la Palabra.
Sin embargo, a lo largo del ministerio de Jesús, vemos una constante tensión doctrinal con ellos. Jesús no cuestionaba su intelecto, sino su incoherencia, confrontándolos con una verdad incómoda: "El problema no es lo que ustedes saben, el problema es lo que hacen", Mateo 23:2-3 “En la cátedra de Moisés se sientan los escribas y los fariseos. Así que, todo lo que os digan que guardéis, guardadlo y hacedlo; mas no hagáis conforme a sus obras, porque dicen, y no hacen”, prácticamente Jesús los denominó “hipócritas, falsos, mentirosos, vanos e ilusos” personas con falta de decisión para ser verdaderos delante de Dios; ademas los llamó incongruentes …Dicen, pero no hacen.
Incongruencia es la falta de correspondencia entre una cosa y otra. Es hacer algo que es contrario a lo que decimos. La incongruencia en el cristianismo moderno es que hablamos mucho pero hacemos muy poco. Predicamos tanto el Evangelio pero lo vivimos muy poco. La incongruencia entre lo que hacemos y decimos solo demuestra la falta de autenticidad de nuestra vida. Solo comprueba que existe un gran carencia de verdad en nuestras vidas. No nos hemos percatado que las palabras son menos eficaces que las acciones que realizamos cuando no coinciden unas con las otras.
La iglesia está enferma de incongruencia, no somos coherentes con lo que creemos, lo que hablamos y la vida real que llevamos; lo que predicamos es diferente a lo que vivimos, hablamos palabras en vez de acciones que muestren que realmente Cristo vive en nosotros, enseñamos pero en realidad lo que enseñamos no lo vivimos, eso se llama religión, escuche esto: “Nuestras vidas deben ser consistentes con lo que somos”.
Al estudiar las Escrituras, me detuve en tres versículos que me sacudieron. Entendí que el fariseísmo no es un grupo histórico, sino una tendencia del corazón humano que nos afecta a todos hoy.
El diagnóstico: Fariseos modernos
Históricamente, los fariseos fueron un grupo influyente en la esfera política, social y religiosa de Israel. Se caracterizaban por una observancia milimétrica de la Ley mosaica y de las tradiciones orales. Eran estudiosos, preparados y muy populares entre el pueblo; de hecho, ellos sentaron las bases de lo que hoy conocemos como el judaísmo rabínico. Sin embargo, esa misma preparación los convirtió a menudo en los principales antagonistas de Jesús.
El Maestro los confrontaba en tres áreas específicas que, si las traemos a nuestro siglo, actúan como un espejo para muchos de nosotros. Yo los llamaría: “Fariseos modernos”.
Son personas que están físicamente muy cerca de la iglesia, muy cerca de la Palabra y muy cerca de los rituales, pero emocional y espiritualmente están a kilómetros de una transformación real.
Piénsenlo bien: hoy en día tenemos más recursos que nunca. Tenemos acceso a miles de prédicas, múltiples versiones de la Biblia, libros, videos, retiros, conciertos y eventos masivos, nunca hubo tanta información espiritual; pero paradójicamente, hay mucha gente que sigue hundida en el fariseísmo: mucha religión, pero poca vida espiritual. Para poder experimentar un cambio genuino y no quedarnos solo en la superficie, necesitamos profundizar en estos tres principios que la Biblia nos revela:
COMUNIÓN CON DIOS
En Juan 5:39-40, Jesús les lanza una verdad que quema: "Ustedes escudriñan las Escrituras porque les parece que en ellas tienen la vida eterna... pero no quieren venir a MÍ para que tengan vida".
Los fariseos eran expertos en información, pero analfabetos en transformación. Ojo, el Señor no está negando el valor de la Biblia; al contrario, está diciendo: "La Palabra es el mapa, pero yo soy el destino". El mapa no te sirve de nada si no llegas al lugar.
El problema no es la falta de conocimiento, sino la falta de intimidad. La comunión es mucho más que calentar una silla el domingo o leer un capítulo por compromiso, la verdadera comunión nace cuando empezamos a cultivar una vida de oración.
Yo sé que todos tenemos agendas apretadas, algunos arrancan antes de que salga el sol, otros lidian con los hijos, las prisas del tráfico o las presiones de la oficina, pero la clave de la comunión no es tener "tiempo libre", es hacerle un espacio a Dios en el tiempo que ya tienes.
¿Por qué es vital? Porque cuando estás muy ocupado pero no tienes intimidad con el Padre, tu vida se empieza a secar, esta es la razón por la que hay tanta gente irritable, explosiva y amargada. Dicen: "Me siento agotado, no disfruto la vida aunque lo tenga todo". Eso pasa porque te falta el combustible de la intimidad con Dios.
Necesitas recordar que el Espíritu Santo va contigo en el carro camino al trabajo; está contigo en la oficina; está contigo mientras preparas el desayuno. Él prometió estar con nosotros todos los días, el problema es que lo estamos ignorando. Mateo 28:19-20 “Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo; enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado; y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo. Amén”. La oración diaria te transforma; ignorar a Dios te deforma. Si tu única "porción espiritual" es el domingo, te vas a desnutrir, el Espíritu Santo quiere encontrarse contigo en el almuerzo, en la calle, donde sea".
Muchos cristianos reciben la Palabra con gozo aquí adentro, pero afuera se les seca porque no tienen raíz, así como los fariseos, tenían los títulos, pero no tenían contacto con Jesús. Muchos no encuentran el poder para avanzar en la vida; el poder no está en lo que sabes, sino en a quién buscas.
No intentes cambiar en tus propias fuerzas; ve a Él y dile: "Señor, yo no puedo solo, perfecciona tu poder en mi debilidad", todo se sella de rodillas, transforma tu trayecto al trabajo en un altar y dale a Dios los primeros minutos de cada actividad, esa decisión es la que realmente te va a transformar.
EL AMOR DE DI...

