Transmutación (Pastor Alejandro Roncancio)
Transmutación (Pastor Alejandro Roncancio)
I Iglesia ETP
, 07 junio 2026
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Transmutación

El secreto de la gracia radica en una frase: Aun con todo lo que soy, Dios sigue siendo Dios. Aun cuando merecemos su ira, Dios sigue extendiendo misericordia. Y aunque cada día necesitaríamos corrección por todo lo que hacemos, aun con todo eso, Dios todas las mañanas hace nueva su misericordia. Lamentaciones 3:22-23 (RVR1960) "Por la misericordia de Jehová no hemos sido consumidos, porque nunca decayeron sus misericordias. Nuevas son cada mañana; grande es tu fidelidad."

Significa que todo lo que experimentamos todos los días de parte de Dios es por encima de todo lo que somos, Dios no obra porque nosotros lo merezcamos, no nos ganamos nada por mérito propio, esto es porque muchas veces construimos y nosotros mismos lo destruimos; realmente somos la peor materia prima que existe. Así que no hay manera de entender la gracia y el favor de Dios si no entendemos lo que significa la frase: "aun con todo lo que somos, Dios sigue siendo Dios”.

Dios no obra porque yo me lo merezca, sino porque Él es bueno. La mayor evidencia de que Dios es bueno es que, aun siendo lo que soy, tengo todo lo que tengo.

Y puedo colocar varios ejemplos de lo que somos y de lo que hacemos: Cuántas veces dejamos de diezmar y Dios nos sigue prosperando; Cuántas veces dejamos de ofrendar y Dios sigue proveyendo; Cuántas veces hemos dejado de venir al culto y Dios viene a todos los cultos a esperarnos, para tener un encuentro con nosotros; Cuántas veces dejamos de buscar a Dios, y sin embargo, Dios nos sigue buscando. Porque por encima de todo lo que somos, Dios sigue siendo Dios. Dios no actúa como yo lo hago, porque Él no es igual que yo. Aun con todo, Dios es bueno. 


Aun con nuestras infidelidades, Dios es fiel

2 Timoteo 2:13 (RVR1960) "Si fuéremos infieles, él permanece fiel; Él no puede negarse a sí mismo."

Por encima de nuestra infidelidad, Dios sigue siendo fiel. En más de una ocasión hemos sido infieles, y de muchas, muchas maneras, somos infieles el día que le dijimos: "A partir de hoy, todos los días voy a orar", y ese día te acostaste a dormir. Fuiste infiel a tu palabra, fuiste infiel a lo que le dijiste a Dios; Dices: "Señor, a partir de hoy, todos los días voy a leer la Biblia”, y resulta que ese día estabas demasiado cansado, pero estabas en tu celular, en tus redes sociales, de modo que no tuviste tiempo para cumplirle a Dios con tu palabra, y fuiste infiel; Sin embargo, al día siguiente, Dios en su fidelidad siguió cumpliendo su promesa contigo, ¿Cuál? "Todos los días te irá bien", y ese día siguiente te fue bien; Aun con tu infidelidad, Dios sigue siendo fiel, porque Él no puede negarse a sí mismo.

Piensa en Pedro; Imaginemos la escena de la última cena: Jesús les está diciendo a sus discípulos que a donde Él va, ellos no pueden ir, en ese momento salta Pedro, impulsivo, lleno de buenas intenciones, pero confiando demasiado en sus propias fuerzas. Pedro se pone de pie, y lanza una promesa: Juan 13:37 (RVR1960) "Le dijo Pedro: Señor, ¿por qué no te puedo seguir ahora? Mi vida pondré por ti."

Pero Jesús, que conoce nuestra humanidad mejor que nosotros mismos, lo aterriza de golpe; Él sabe que somos la peor materia prima, que prometemos mucho y cumplimos poco, Juan 13:38 (RVR1960) "Jesús le respondió: ¿Tu vida pondrás por mí? De cierto, de cierto te digo: No cantará el gallo, sin que me hayas negado tres veces."

Cualquiera se quedaría callado ante una reprensión directa de Dios, pero a veces nosotros somos demasiado orgullosos. Pedro no se quedó callado, se sintió ofendido y decidió discutirle al propio Maestro, se pone de terco e insistente: Marcos 14:31 (RVR1960) "Mas él decía con mayor insistencia: Si me fuere necesario morir contigo, no te negaré…”

Pedro le está porfiando a Dios, le está diciendo: "Tú te equivocas, yo soy más fuerte de lo que crees”; ¿Cuántas veces hacemos nosotros exactamente lo mismo? ¿Cuántas veces le discutimos a Dios nuestras capacidades y juramos: "Señor, yo jamás haré eso, yo jamás caeré”? Y aquí viene lo más hermoso, la verdadera transmutación, Jesús escucha a este hombre terco que le está discutiendo, Jesús sabe que en unas pocas horas ese mismo hombre lo va a abandonar y lo va a negar con maldiciones ¿Y qué hace Jesús? ¿Le voltea la cara? ¿Le dice "pues quédate solo por orgulloso"? ¡No! Inmediatamente después de anunciarle su caída, en la misma conversación, Jesús suelta una de las promesas de consuelo más impresionantes: Juan 14:1 (RVR1960) "No se turbe vuestro corazón; creéis en Dios, creed también en mí."

Y pasó exactamente lo que Jesús dijo. Llegó la noche, la presión subió, el miedo lo invadió y Pedro, el mismo que horas antes gritaba que daría su vida, negó a su Maestro con maldiciones y juramentos; Cantó el gallo y Pedro salió a llorar amargamente, rompió su promesa, rompió su palabra, sintió que lo había arruinado todo.

Cualquiera de nosotros, en el lugar de Jesús, habría dicho: "Hasta aquí llego contigo, Pedro. Me fallaste en mi peor momento". Pero mira lo que pasa el día de resurrección  cuando las mujeres van al sepulcro vacío y se encuentran con el ángel, allí reciben un mensaje directo del cielo: Marcos 16:7 (RVR1960) "Pero id, decid a sus discípulos, y a Pedro, que él va delante de vosotros a Galilea; allí le veréis, como os dijo."

"Y a Pedro" Dios desde el cielo se aseguró de mandar a buscar con nombre propio al que había fallado. El mensaje era: "Díganle a los discípulos, pero especialmente asegúrense de decirle a Pedro, que no me he olvidado de él, que mi cita sigue en pie".

Y no solo le mandó a avisar, sino que Jesús mismo fue a buscarlo a la orilla del mar, al mismo lugar donde lo había llamado la primera vez. Pedro, sintiéndose indigno y fracasado, había vuelto a su vieja vida de pescador y allí se le aparece el Señor resucitado. 

Cuando lo tiene frente a frente, Jesús no llega a reclamarle: "¿No que ibas a morir por mí? ¿No que eras muy valiente? ¡Mírate ahora!". ¡No! Jesús llega a prepararle el desayuno y a restaurar su corazón roto: Juan 21:15 (RVR1960) "Cuando hubieron comido, Jesús dijo a Simón Pedro: Simón, hijo de Jonás, ¿me amas más que estos? Le respondió: Sí, Señor; tú sabes que te amo. Él le dijo: Apacienta mis corderos."

¡Esa es la verdadera gracia en acción, esa es la transmutación! Jesús no lo desechó por su error. Aun con todo lo que hizo Pedro, aun con sus mentiras, sus negaciones y su cobardía, a Jesús le plació ir a buscarlo, sentarlo a su mesa, perdonarlo y devolverle su propósito.

Si hoy te sientes como Pedro, avergonzado por lo que prometiste y no cumpliste, quiero que sepas que el Señor te está buscando a ti también, Él sabe exactamente dónde estás escondido en tu culpa, y viene a buscarte porque, aun con todo lo que has hecho, Dios sigue siendo Dios.


Aun con nuestros pecados, Él nos limpia

1 Juan 1:9 (RVR1960) dice: "Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad".

Aun con mis pecados, Dios sigue estando dispuesto a perdonarme. Todos los días fallamos de una u otra manera en nuestra mente, en nuestra manera de pensar y de actuar, en nuestro corazón. El crecimiento no te lleva muchas veces a la perfección, sino al reconocimiento del error. Crecer no es dejar de fallar, porque nuestra naturaleza humana nos va a hacer fallar, pero crecer es pelear contra el pec...