En La Raya (Pastor Andrés Mejía)
En La Raya (Pastor Andrés Mejía)
I Iglesia ETP
, 14 junio 2026
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01:00:54

Nuestra vida entera gira en torno a las relaciones. Cada decisión que tomamos en nuestro caminar nos lleva a conectar con alguien más. Nos unimos para formar familia, para emprender negocios o simplemente para desenvolvernos en nuestro trabajo diario. Al final, cada una de esas alianzas que hacemos busca un solo propósito: asegurar nuestro bienestar y que todo nos salga bien.

Sin embargo, la historia bíblica nos presenta un contraste impactante. Pensemos en un hombre que vivió para agradar a Dios, un líder que se esforzó por hacer lo correcto: el rey Josafat de Judá. Crónicas relata cómo dedicó su reinado a limpiar la tierra de toda abominación y a guiar el corazón del pueblo de regreso a su Creador.

La Escritura lo resume así en 2 Crónicas 19:4 (RVR1960): “Habitó, pues, Josafat en Jerusalén; pero daba vuelta y salía al pueblo, desde Beerseba hasta el monte de Efraín, y los conducía a Jehová el Dios de sus padres.”

A causa de esa fidelidad, Dios afirmó su reino. Josafat es el ejemplo perfecto de que cuando pones al Señor en primer lugar y clamas en oración, Él pelea tus batallas. ¡Él sabía que con Dios al frente, la victoria estaba asegurada frente a cualquier ejército! Pero, atención a esto: este mismo hombre recto tuvo un punto ciego, un error terrible que repitió más de una vez... no supo elegir sus alianzas, no supo con quién relacionarse.


Primera alianza peligrosa: El parentesco con la maldad

Aquí es donde comienza el verdadero peligro: cuando bajamos la guardia en nuestro círculo más íntimo. La Escritura nos muestra una alerta roja en 2 Crónicas 18:1 (RVR1960): “Tenía, pues, Josafat riquezas y gloria en abundancia; y contrajo parentesco con Acab.”

El rey que caminaba en bendición, que tenía riquezas y gloria dadas por Dios, termina emparentado con Acab. ¿Y quién era Acab? El hombre que había cerrado el corazón de Israel al Dios verdadero, un rey totalmente influenciado por Jezabel, una mujer que desató la idolatría demoníaca y persiguió a los profetas del Señor. Josafat, el hombre de oración, bajó la guardia y abrió la puerta de su casa al enemigo. La alianza política y militar se selló trágicamente a través del matrimonio de sus hijos: Joram (hijo de Josafat y heredero al trono de Judá) y Atalía (hija de Acab y de la reina Jezabel).

Ese matrimonio fue la puerta de entrada para que la idolatría, la manipulación y la maldad de la casa de Acab y Jezabel se infiltraran directamente en la descendencia de Josafat y en la corte de Judá, cobrando un precio altísimo en las siguientes generaciones.

¿Qué es exactamente una alianza? Es un pacto, un convenio, un acuerdo profundo de cooperación. Puede ser un matrimonio o una sociedad mercantil; es, en esencia, unir dos fuerzas hacia un mismo destino. ¡Pero cuidado! Hay bendiciones enormes que Dios ya decretó para tu vida, pero si te relacionas con la persona equivocada, se te pueden escapar de las manos o perder por completo.

Si alguna vez tomaste la decisión de caminar con la persona incorrecta, tú más que nadie sabes el precio que se paga. Y no hablo solo del área sentimental; hablo de tus finanzas, de tus proyectos. ¿Cuántos se han asociado con la persona equivocada y perdieron dinero? ¿Cuántos le abrieron la puerta a quien no debían y perdieron años valiosos de su tiempo?

Escucha bien esto iglesia: 

  • Aliarse con alguien que está fuera de la voluntad de Dios siempre producirá algún tipo de pérdida. No existe la mentira de “yo me meto en este negocio o en esta relación y no pasa nada.” ¡Siempre pasa algo!.

No pasó mucho tiempo después de firmar esa alianza, cuando el rey Acab invitó a Josafat a pelear en una guerra contra Ramot de Galaad:

  • Unirte a lo incorrecto siempre te va a arrastrar a batallas y problemas que no son tuyos.

Josafat, queriendo sonar espiritual en medio de una relación tóxica y equivocada, le dijo a Acab: “Te ruego que consultes hoy la palabra de Jehová”. Acab mandó a llamar a sus cuatrocientos profetas falsos y les preguntó: “¿Iremos a la guerra?”. Y claro, esos mentirosos le dijeron exactamente lo que él quería escuchar: “¡Ve!”.

Pero Josafat en su espíritu no estaba tranquilo e insistió: “¿No hay aquí todavía algún profeta de Jehová a quien podamos consultar?”. Y miren la respuesta de Acab: “Sí, hay uno, pero lo aborrezco, porque nunca me profetiza nada bueno, solo desgracias”. A regañadientes llamaron al profeta Micaías, y la Biblia registra su inmensa valentía en 2 Crónicas 18:13 (RVR1960):“Y Micaías respondió: Vive Jehová, que lo que mi Dios me dijere, eso hablaré.”

Al final, en medio de esa mala junta, se desató un espíritu de mentira y engaño. 

  • El fruto de las malas alianzas es que terminas envuelto en un ambiente donde reina el engaño, la mentira, la ruina, la enfermedad y la muerte.

A pesar de ser un hombre que buscaba a Dios, Josafat tomó una pésima decisión que casi le cuesta la vida. ¡Casi muere masacrado en el campo de batalla simplemente por ponerse las ropas de un rey reprobado por Dios! 

  • Cuántas veces nosotros, como hijos de Dios, nos metemos en relaciones, amistades o negocios equivocados, y no pensamos en cómo va a terminar la historia. Nos dejamos llevar por el momento, olvidando esa gran y solemne advertencia de Deuteronomio 32:29 (RVR1960): “¡Ojalá fueran sabios, que comprendieran esto, Y se dieran cuenta del fin que les espera!”


El confrontamiento de Dios: Una palabra dura para una generación complaciente

Cuando Josafat regresa de esa guerra fallida, Dios no se queda callado. La conclusión de este primer error se sella con una reprensión tajante que el profeta Jehú le hace al rey, una palabra que hoy es necesario que la iglesia escuche y responda. Se encuentra en 2 Crónicas 19:1-3 (RVR1960): “Josafat rey de Judá volvió en paz a su casa en Jerusalén. Y le salió al encuentro el vidente Jehú hijo de Hanani, y dijo al rey Josafat: ¿Al impío das ayuda, y amas a los que aborrecen a Jehová? Pues ha salido de la presencia de Jehová ira contra ti por esto. Pero se han hallado en ti buenas cosas, por cuanto has quitado de la tierra las imágenes de Asera, y has dispuesto tu corazón para buscar a Dios.”

  • Tal vez esta confrontación directa del profeta Jehú caiga hoy como piedra en el zapato para muchos cristianos ya que en estos tiempos finales, Dios está necesitando una iglesia que tome decisiones firmes: gente valiente, aguerrida y ejercitada para la batalla; creyentes audaces, astutos, perseverantes, decididos y armados de valor. 

Tristemente, lo que vemos hoy es una generación complaciente, que no se deja exhortar ni corregir, una generación donde, si alzas la voz, ya sienten que los estás maltratando; al punto de que hoy casi vas preso por disciplinar a tus propios hijos, a los alumnos o a los miembros de la comunidad, gente sin disciplina y sin corrección, que exige que todo el universo gire al compás de sus emociones, personas que, movidas por la envidia, destruyen lo que a otros les ha costado edificar, simplemente porque lo único que buscan es reconocimiento y adulación. Quieren que les laven los pies y buscan desesperadamente ser aprobados por el mundo, en lugar de ganarse el respeto y la admiración cumpliendo los preceptos de Dios.

¿Dónde quedó la línea de separación? ¿Dónde debes trazar la raya con tus parientes, con tus relaciones, con tus amistades y con tus negocios? ¿En qué momento cruzas esa frontera, comprometiendo tu testimonio, arriesgando tu vida con Dios y haciendo una burla de tu Salvador?


¿Dónde trazas la ...